
En 2003, cuando todavía estaba fresco el fracaso de la Alianza y del radicalismo en el gobierno nacional, Margarita Stolbizer superó el 9 por ciento de los votos en la provincia de Buenos Aires. Un resultado impensado que la convertía en la promesa radical. Hoy, sin renunciar a su identidad partidaria, se enfrenta a la conducción y apuesta a una construcción frentista. “Yo no compito con Ricardo Alfonsín, compito con Daniel Scioli”, dice.
–¿Cómo se dirime que haya dos fórmulas radicales para Buenos Aires?
–El tema lo resuelve la Justicia. Creo que ninguna de las dos fórmulas puede usar el logo radical. Además del tema legal, la principal diferencia es que estamos frente a estrategias electorales diferentes. Ricardo Alfonsín es el candidato de Lavagna en la provincia. Nosotros proponemos otra coalición. Rechazamos que la fórmula de Alfonsín sea la oficial del partido, ya que su candidatura no surgió de ninguna interna o mecanismo democrático. La Justicia le va a impedir usar los símbolos partidarios. Desde ya yo no puedo usarlos. Voy al frente desde mi identidad radical. En la presentación de nuestra candidatura había mayoría de intendentes radicales. Creo que cuando habló Alfonsín no había ninguno. Yo no compito contra Alfonsín, compito contra Daniel Scioli.
–¿Cómo definiría políticamente su propuesta de coalición?
–Planteamos el armado de un frente progresista similar al que acompaña a Hermes Binner en Santa Fe. Un frente que incluya organizaciones sociales y también partidos provinciales.
–¿Propone un armado que apoye a Elisa Carrió?
–Lo primero es conformar un frente progresista en la provincia. Un frente con el ARI, el socialismo y otras fuerzas. Luego este frente decidirá el apoyo a una candidatura nacional. Personalmente, antes que Kirchner o Lavagna, elijo a Carrió. Con ella comparto tres ejes centrales: la defensa de la República, la opción por una justa distribución del ingreso y una concepción ética de la política.
–¿Cómo explica que haya radicales con Kirchner, con Lavagna y con Carrió?
–Creo que el radicalismo pasa por un momento de debate y de tensión que no es diferente de lo que ocurrió en el PJ en el 2003. Es cierto, habrá radicales en todas las fórmulas. Esto tiene que ver con el colapso de los partidos políticos. Hay que repensar el sistema de partidos. Los partidos no pueden seguir siendo una maquinaria electoral para que sus cúpulas ocupen cargos electivos. Estamos más en una democracia de candidaturas que en una democracia de partidos políticos.
–¿Está muy lejos de los radicales K?
–Tengo una enorme distancia con el gobierno de Kirchner. Básicamente por el sistema de corrupción sobre el que está instalado. Considero que la aparición de una bolsa con dinero en el baño de la ex ministra Felisa Miceli no es una casualidad, no es un descuido. El episodio forma parte de un sistema. También forma parte el caso Skanska, las narcovalijas de Southern Winds, la escandalosa política de subsidios, la construcción de cárceles con sospechosas adjudicaciones. Al igual que en la década del ’90, hoy tenemos crecimiento sostenido que se queda en pocas manos. El Gobierno maneja los recursos estatales como si fueran propios.
–¿Cómo explica que algunos radicales compartan espacio electoral con los restos del duhaldismo?
–Es absolutamente inexplicable. Yo debería borrar parte de mi propia historia para estar con los que denuncié durante veinte años. No fui yo de manera personal la que los denunció sino el partido.
–Alfonsín sugiere que la Justicia podría proscribir la fórmula Lavagna-Morales al desconocer la convención de Avellaneda. ¿Qué opina?
–Esa convención aprobó un acuerdo que Morales firmó con Eduardo Camaño en nombre de Lavagna. Algunos convencionales plantearon que no había quórum. Eso fue corroborado por los veedores judiciales que envió la jueza Servini de Cubría. La semana pasada el juez subrogante Ariel Lijo citó a varios testigos y convencionales. Hoy no está en pie la coalición con Lavagna.
Fuente: PAGINA 12
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