
*Lic Alicia Torres - Convencional Nacional U.C.R.
Es muy difícil encarar el tema de la inseguridad si se pretende abordarlo con profundidad, sin planteos oportunistas para la coyuntura electoral, sin discursos superficiales “disfrazados” de progresismo.
Por lo general, se advierte una mirada del delito vinculada a una concepción armónica de sociedad, en la que los individuos se relacionan solidariamente, donde existe la cooperación y en la que las conductas ilegales, delictivas, son minoritarias y constituyen desviaciones respecto a lo general.
Pero esta visión de una sociedad con relaciones sociales orgánicas, en verdad encubre la realidad de las conductas delictivas que, lejos de ser minoritarias, o de ser simples “desviaciones” de lo general, son parte constitutiva de lo social.
No se trata de entender la inseguridad a partir de la explicación del crecimiento del delito, del consumo de drogas y alcohol o del aumento de la pobreza, precisamente una visión parcial de la inseguridad plantea que la misma es promovida por ciertos sectores de la población (por supuesto los mas pobres).
Se trata entonces de poner el acento en la injusta y desigual predistribución de bienes entre los individuos que integran la sociedad.
Para poder entender la inseguridad podríamos empezar por preguntarnos ¿que entendemos por conductas delictivas?
La historia argentina esta impregnada de hechos delictivos cuyos principales responsables tanto públicos como privados, han sido funcionarios y empresarios asociados en sus intereses. Estas conductas delictivas permitieron a lo largo de la historia que determinados grupos económicos afianzaran su posición de privilegio.
Si no planteamos que el capitalismo industrial resulta un obstáculo a la hora de pensar soluciones al problema de la inseguridad, estaremos dando una respuesta parcial. Tampoco podemos desconocer que existen intereses para que las explicaciones propuestas para el tema de la inseguridad sean parciales.
Los medios de comunicación contribuyen a instalar la imagen de un perfil del delincuente como un ser sombrío, amoral, marginal, violento. Pero nada dicen de la actividad delictiva comercial, industrial, que con buenos asesoramientos legales y financieros consiguen eludir los obstáculos de la ley. Nadie descubre el velo de las actividades delictivas que realizan los bancos cuando lavan dinero.
De modo que lejos de existir lazos sociales de tipo moral. Lo que en verdad prevalece en esta sociedad capitalista de hoy, como lazos sociales mas fuertes, son las practicas ilegales.
Los intereses particulares priman sobre los colectivos
Es cierto que el pensamiento sociológico abrevó en esta idea de conciencia colectiva, de armonía, de solidaridad durkheimniana, pero se trata de una idea un tanto utópica.
Cuando robert castel habla de “des-ciudadanizacion”, de “desafiliación social” producto de la aplicación de políticas neoliberales que profundizan el capitalismo salvaje trayendo consecuencias absolutamente destructivas, esta señalando como la desestructuracion del trabajo, de la salud, de la educación, como la desaparición de los espacios de contención social : escuela, club, sindicato, sociedad de fomento, partido político, provocan inseguridad.
El estatuto del empleo tal como fue concebido por el capitalismo industrial ha sido desestabilizado, dando lugar no solo al desempleo masivo, sino también a la precarizacion laboral y esto sin lugar a dudas ha hecho surgir la inseguridad social.
El sistema de protecciones que naciera con el capitalismo industrial debe reformularse porque ya hemos dejado atrás esa etapa para transitar la era de la mundializacion .
Mientras el siglo xix trajo , en los paises europeos , la inseguridad social de los comienzos del capitalismo, con un estado de gran miseria material, con el siglo xx conocimos las convenciones colectivas donde justamente fue “lo colectivo” lo que empezó a proteger.
De modo que, la salida de la mercantilización de las relaciones laborales había permitido en las sociedades europeas entrar en la llamada sociedad salarial de los 60´, garantizando la extensión de las protecciones y derechos sociales fuertes.
Esta idea de “lo colectivo” como protección es lo que hoy, ha desaparecido.
Estamos asistiendo a la flexibilización laboral, apelando a un sujeto abierto al cambio , que debe asumir el riesgo individual y hacer su recorrido profesional reconvirtiéndose permanentemente.
A partir de lo expresado, ¿como esperar entonces que la inseguridad desaparezca mientras no sea posible plantear una sociedad solidaria, armónica, justa con una equitativa distribución de la riqueza?.
¿Que opciones reales ofrece el capitalismo hoy, para garantizar una sociedad igualitaria sin actividades económicas ilegales?
Se hace necesario diferenciar los delitos cometidos por sectores marginados, pobres, los delitos desprofesionalizados de aquellos vinculados a las practicas económicas ilegales, producto de la connivencia de funcionarios, abogados, empresarios, jueces.
Una real política de seguridad debe dejar de lado la criminalizacion de la pobreza para asumir seriamente que ya no es posible seguir sosteniendo la creciente brecha existente entre pobres y ricos.
Es indudable que el tema de la inseguridad es preocupante pero también muy complejo a la hora de plantearse soluciones.
Lo que sucede es que las causas estructurales basadas en un orden social injusto que excluye, que margina, que explota, que es desigual, no son removidas.
Las soluciones que se intentan son solo meros paliativos que además están en manos de quienes tienen posibilidades económicas y pueden acceder a una seguridad privada, o barrios cerrados, a rejas en sus casas; situación realmente preocupante en tanto involucra a agencias privadas de seguridad que se han multiplicado y que en su mayor parte se componen de personas que pertenecían a policía o ejercito.
La realidad revela el fracaso de las respuestas que se han dado hasta ahora, basadas en políticas represivas y que solo dan cuenta de la incapacidad del sistema penal.
Se ha intentado también pensar en soluciones preventivas que permitan anticiparse a la conducta delictiva, promoviendo espacios de participación ciudadana, con estrategias de protección entre vecinos, pero en definitiva tampoco se apunta al núcleo del problema ya señalado. En tanto no se modifiquen las condiciones de vida en las que vive la mayor parte de la población, se seguirán fomentando conductas que no favorecen la convivencia.
En verdad esta prevención, presupone nuevamente una idea de sociedad armónica, solidaria, con valores compartidos y con algunas desviaciones por supuesto siempre producidas por los mismos sectores.
De alguna manera esta autoconvocatoria a la defensa o protección por parte de la población parte lamentablemente, de la inseguridad que nos producen la policía y las políticas de seguridad propuestas desde el estado.
¿Como puede convocarse a una “comunidad” a tal prevención? Esta apelación a la comunidad es algo utópico en la medida que las relaciones sociales basadas en vínculos solidarios están en verdad desdibujadas a partir del creciente avance del mercado. De manera que para hacer un planteo serio debería partirse de un diagnostico que acepte en principio la dificultad de pensar políticas de seguridad mientras exista un crecimiento de la economía ilegal. En tanto sea el mismo estado el que , ya sea por acción o por omisión, posibilite que se generalice la violencia y permita la expansión cada vez mayor del comercio de drogas, resulta difícil pensar en soluciones a la inseguridad.
Se debe advertir que una política de seguridad sustentada meramente en practicas asistenciales para los excluidos en realidad solo busca garantizar la seguridad de quienes estarían “en riesgo”, es decir de quienes serian victimas de las conductas de aquellos “peligrosos” . Esto sin dudas, profundiza aun mas la dualidad social.
En esta apelación a la comunidad hay como una idea nostálgica de sociedad preindustrial en la que aun existían lazos sociales solidarios, de cooperación.
El desafio es plantearse como recuperar las protecciones sociales hoy perdidas tratando de encauzar la movilidad social .
A propósito Robert Castel, se pregunta: ¿se puede pensar en un estado social flexible?. La idea hoy extendida acerca de la necesidad de la descentralización conlleva el riesgo de debilitar el compromiso del estado beneficiando intereses particulares. Adaptar la ley a las particularidades locales también tiene sus riesgos : por ejemplo el de generar feudalismos locales.
De manera que enfrentar el problema de la inseguridad social implica entender el grave problema de la creciente desestructuracion del trabajo. Y al respecto no solo estamos hablando de desempleo masivo, sino de precarizacion de las relaciones laborales.
Finalmente: entendiendo como se dijera al principio, la complejidad del tema, y dejando abierta la reflexión y el debate, podría concluirse que es absolutamente necesaria la ampliación de la ciudadania pero advirtiendo el peligro de que las propuestas de participación “comunitaria” se transformen en dudosos espacios detectores de “incivilidades” , que instalen la “sospecha” acerca de determinados individuos o sectores sociales, lo cual pone en cuestionamiento la existencia de un verdadero estado democrático.
Tales convocatorias deben incluir la participación de todos los sectores sociales, adolescentes, personas que hoy no participan, extranjeros, vendedores ambulantes, prostitutas, homosexuales, travestis, es decir de todos aquellos que hoy son estigmatizados como “ilegales” y de los cuales, nos dicen, “habría que defenderse o protegerse”.
Por supuesto que hay que defender el estado de derecho, garante de la seguridad civil, que permite combatir la inseguridad causada por las amenazas a personas o bienes , la delincuencia, el robo, la violencia, la criminalidad. Esto es indispensable porque es la única valla contra el avance del autoritarismo y de las dictaduras.
Pero también es fundamental defender el estado social que es el que impide la desintegración social asegurando las condiciones que permiten que los hombres puedan relacionarse con otros hombres, hacer sociedad, y eso significa garantizar que podamos compartir un mínimo de protección y derechos comunes.
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